De regreso a Madrid (I)
September 3rd, 2007Resumo casi 8 meses de viaje en unos párrafos y un mapita con ruta aproximada:
Luego de relatar mis primeras impresiones en Kerala, me dí cuenta que poco podía añadir a la antropología o a la literatura de viajes. Menos aún en un viaje con escasa planificación, casi al arbitrio de un round the world ticket de Star Alliance comprado con mucha premura.
Intuí que sólo después de hallado, sabría lo que estaba buscando o, en el peor de los casos, el viaje tendría algún sentido en retrospectiva, como en la primera historia del discurso de graduación de Steve Jobs.
De Kerala fuimos a Mysore, a ver a mi maestro de Ashtanga yoga, que estaba recibiendo clases de Pattabhi Jois, la “fuente”. En Mysore recibí las claves, ahora lo veo, de un bramán, estudiante de yoga, que trabajaba en un call center en la vecina Bangalore vendiendo identity theft insurance a clientes del Chase Manhattan Bank de Tejas, que no paraba de hablar del Che Guevara y encima le estaba huyendo a un matrimonio arreglado por sus padres (esto, señores, es la representación corpórea de la globalización), al poner en mis manos un ejemplar del Bhagavad Gita.
Los meses que siguieron fueron introspectivos y muy felices; una especie de zambullida en el mundo natural con los ojos bien abiertos para buscar respuesta a las grandes preguntas: qué es la vida, qué es la muerte. En Bangkok hay demasiadas distracciones para pensar en estas cosas, y en Pai, al norte, cerca de la frontera con Burma, más de lo mismo. Los hippies que la “descubrieron” hace unos años hoy están obligados a compartirla con backpackers de la misma especie que ha conquistado todo el sureste asiático y amenaza con hacer metástasis en suramérica.
En Had Tien encontré el sosiego entre tres playitas separadas por unos farallones franqueables, donde naturalmente se dan tres ambientes. El lugar no es accesible por carretera, sólo se llega por mar. Yo no buscaba nada, y eso era lo me hacía feliz. Pero si se buscase algo, allí lo que hay son yoguis, vegans, comida exquisita, tertuliantes hablando del DMT o búscando su número en el Enneagram, egresados de retiros de Vipassana, hogueras en la playa, shiatsu, rolfing, cielo estrellado, un rave a la semana, y deliciosos batidos de frutas y “vegetales”.
De Vietnam casi hubo que huir. En Laos, todo amabilidad, gente buena, con la boca llena de risa. Alguna pobreza, pero no de espíritu.
Esta entrada se está haciendo larga. Me quedo a contar de Ubud, Bali. Continuará.

